domingo, 12 de mayo de 2013

LA MADRE DE MI BISABUELA FUE UNA CHIVA





ESTA CRÓNICA SE LA MANDÉ DE REGALO A DANIEL, MI NIETO MAYOR, MATEMÁTICO Y CIBERNÉTICO QUE ME PREGUNTÓ SOBRE SUS PARIENTES LEJANOS OLVIDADOS Y MUERTOS.

EVOCO ESTA CRÓNICA COMO HOMENAJE A LAS MADRES Y LAS MADRES DE LAS MADRES DE TODOS NOSOTROS



                                        La Milagrosa, Cementerio de Colón

                                                             La Habana 
    

 

 

Decía  la Señora Valeriana  Quincoses que de jodío palante no hay mas pueblo.  A la Señora Valeriana le pusieron ese nombre en honor a Valeriano Weyler,  un general español hijo de puta que inventó la re concentración en Cuba. 

 

Esa reconcentración de los moradores del campo cubano hacia la ciudad provocó la muerte por hambre y enfermedades de miles y miles de isleños. 

LA RECONCENTRACIÓN DE l998, en Cuba, fue el antecedente  de los campos de concentración hitlerianos donde murieron millones de personas.



    

Valeriana decía también que del fondo del pozo hay que seguir cavando.   Nunca pesó mas de noventa libras y  parió 14 muchachos y crió 4 sobrinos.  Vivió hasta los noventa y seis años y cocinaba los frijoles negros y el fricassé de pollo o de conejo mas sabroso que se haya comido  sobre la tierra.
   

 Nací la noche en que mi familia escapaba  del pueblo de Mayajigua. Nos habían reconcentrado allí por órdenes del generalísimo Weyler. Tuvimos que abandonar todo allá en el campo. Ni colador de café, ni tibor,  ni un suspiro cristiano nos dejaron llevar para el pueblo de Mayajigua. 

 

Estábamos allí muriendo de nuestra miseria y por eso los hombres de cuatro familias reunieron sus mujeres y prepararon la fuga hacia nuestro campo.

 Era el monte nuestro y de los  Mambises. Monte virgen y selva virgen porque allí estaba la vida.  Escapamos de Weyler y de sus españoles y  nos unimos  a otras familias que luchaban por sobrevivir.
   

 Mientras caminaban en la oscuridad del tiempo pasado, entre quejas amortiguadas y efluvios de sangre nació esa noche la vieja Bisabuela de Rogerio Ignacio y de Yamilet y recontratataraabuela de Daniel, la madre de Lila, la vieja Cusa, esposa de Lorenzo y prima de su marido hasta la muerte de ambos. 

 

Ella nació en la noche.  Su madre murió en la madrugada.
    

 Entonces la vieja, que no vieja para la fecha, sino bebé recién parido, gritaba de hambre y podía denunciarlos a todos ante las fuerzas españolas.

 Una vejiga gritona que va a lograr que nos liquiden los españoles antes de que salga el sol.  Decidieron matarla. 

 

Era fácil resolver el problema,  taparle la boquita con un paño a la vieja,  la madre de los 14  hijos  y  los 4 sobrinos,  mi abuela, la abuela de 64 nietos y dejarla morir con un mínimo de pataleo y esas formalidades de la asfixia.
  

 Era la orden breve del jefe de la partida. Siempre breve esa jodida orden.
    Pero una señora de grandes tetas y pañuelo a la cabeza, tía de la criatura sentenciada,  dijo no, de eso nada, no la maten, yo llevo una chiva recién parida de ayer y ya nos comimos el chivito. 

Préstenme  a la niñita a ver si quiere mamar de la teta de la chiva que está que revienta de leche,  y si se calla la vamos criando.



 

 Si usted lo dice, Doña, juegue esa carta ya mismo. Pero si escucho otro grito de la vejiga vengo con el machete y  zas  que dios me perdone. No me voy a dejar joder por los malditos españoles de ninguna manera. Andando. Antes que el sol nos mire a la cara tenemos que estar en la cueva del Gato. 

 

¡Qué jefe tenían esos guajiros!! El Jefe es  Jefe aunque tenga que arrancársela a una criaturita acabada de nacer!



 



  

 Como yo era hembra la pérdida no sería gran cosa. La chiva vale lo que valga su leche y lo que valga su cría. Y yo ni daba leche ni tenía cría. Gritar y joder era lo único que yo hacía en ese día por la noche. 

Dios y mi tía me salvaron y yo les he pagado bien. A mi tía le cerré los ojos y la cuidé como a madre toda su vida. 

A Dios le he dado 14 hijos buenos y 4 sobrinos buenos. Con la ayuda de Don Lorenzo, eso sí. Pero lo que cuento vino mucho luego.  La noche que nací era oscura y de agua.


    Valeriana fue puesta bajo la teta de la chiva y se aferró a la teta y a la vida con la perseverancia de la hiedra  y mamó y mamó hasta que se durmió narcotizada por los olores de la chiva y por el golpe proteico de la leche salvadora.

 

  Todos se alegraron. Ninguno quería matar a la bebita. El Jefe de la partida dijo durante el café de la mañana, póngale Valeriana, porque esa niña es peor que Weyler. 

Así le pusieron de nombre a la vieja Cusa, la nombraron Valeriana  Quincoses.
    Y la columna de guajiros escapados de la re concentración, con Valeriana la mamadora de teta de Chiva,  la sobreviviente,  continuó  internándose en la umbría cubana.

  

 Estos escapados de la muerte eran guajiros humildes, desconocidos de la historia. No eran romanos ni la chiva era una loba ni, los pobres olvidados, tuvieron su Virgilio. 

Ellos sólo heredaron, a plenitud y en común, el miedo a la muerte, la angustia que invade el alma del que lucha por su supervivencia. 

Heredaron las pequeñas multitudes de tonterías diarias de los abandonados de la fortuna.
   Que si no hay fuego. Que luego de ocho horas de marcha no hay nada que poner sobre el fuego y no hay fuego. Que hay millones de mosquitos. Que las heridas se pudren en las piernas y los brazos y los pies. Que amenaza lluvia y no existe un techo para esconderse.

   Mi abuela viene de allí. Yo soy heredero directo de la chiva lechera y de las yagas. No sé nada de lobos y leí a Virgilio cuando  ya Valeriana era una abuela de sesenta nietos y una tía de decenas y decenas de sobrinos.

   Una semana después de aquella noche de escapadas y angustias de muerte, la columna de guajiros llegó a la ciénaga del río Los Perros, donde se abría hacía la entraña de la tierra la Cueva del Gato.  

 En una hora capturaron doscientos cangrejos.
Tres horas mas tarde comían harina de maíz y cangrejos cocidos en agua salada. Ambrosía sin vino. Los romanos tomaban vino mientras fundaban Roma. Valeriana y sus salvadores comían harina con cangrejo y tomaban agua clara del río Los Perros.

   Una guerrilla de cubanos traidores los atacó en medio del sueño espeso de la digestión. 

La guerrilla entró por la trocha abierta entre el jucaral y mató a tres negros, le abrió la panza a una mula cargada de enceres de cocina, degolló limpiamente al tocador de guitarra que no sabía cantar.

 Quedó muy sorprendida de la respuesta eficaz de los guajiros que contraatacaron con machetes y palos, apoyados por las mujeres que lanzaban bolas de fango negro y muelas de cangrejo jodiendo e hiriendo a los hombres de la guerrilla.
   Valeriana berreaba y pataleaba mientras el combate entre su gente y la guerrilla dominaba la tarde.

   La chiva, que no loba, acostumbrada a darle su teta al chivito berreador que pateaba y pateaba, vino hasta ella y apoyó su enorme teta en la cara de Valeriana.  Gritos, disparos, imprecaciones y alaridos de moribundos rodeaban aquella escena de amamantamiento ancestral.

   

 Daniel, Rogerio Ignacio, Yamilet, Lila la hija de Valeriana, que es mi mamá, yo, Pepe Lorenzo el gordo, Belica la sufrida,    venimos directamente de esa sangre humilde fortalecida por la lucha de la supervivencia, desconocida, oculta en la bruma del tiempo. 

Nuestro  tiempo no es insigne ni romano, pero es tan buen tiempo como el que más.
   En cuarenta minutos los atacantes ya sabían que estaban perdiendo la batalla. Dos muertos, tres heridos revolcándose en el fango negro de la ciénaga. 

Algunos caballos sueltos, temblando, sin escapar del campamento. Las bolas de fango y el machete irredente cortando carne y cuero de monturas. Se van de escapada los guerrilleros de la guerrilla por la misma trocha que  los condujo hasta la partida de cubanos.
 Luego se hace silencio. El sol alumbra al campamento.

El silencio posterior al combate y al miedo a la muerte duele, pesa, cruje en los huesos, saca las lágrimas.

 Me arriesgo a asegurar que las lágrimas de Eneas y de Remo eran idénticas a las lágrimas de Valeriana o de la tía gorda tetona que la duerme entre sollozos silentes.

 Son las mismas lágrimas de Yami y de Rogito y de Daniel.  Mis lágrimas se secan sobre las mejillas y tienen que ser iguales, no cabe duda, similares a las viejas lágrimas ancestrales de todos los que evocan.



 moya/2010

 







3 comentarios:

  1. Hermano esa original manera que tienes de narrar las historias, hacen que la mente vuele y se imagine cada lugar cada expresion en los rostros de los personajes, buen homenaje a las madres que decienden de ese linaje, sobre todo viniendo de ti, un abrzo

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  2. Hermoso relato. Has hecho escapar mis lagrimas, esas que son iguales a las de Yami, a las de Daniel, y a las tuyas. Bella celebracion de la fuerza del espiritu sobreviviente. Un beso y un abrazo

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  3. Un saludo a todas las valerosas madres cubanas,venimos de todas esas abuelas que han hecho nuestra historia, un abrazo.
    Mayda

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