jueves, 10 de octubre de 2013

EL SILENCIO ES PEOR QUE LA MUERTE



Escribió EL INDIO NABORÍ, gran poeta cubano, que él no le temía a la muerte y que lo olvidaran, sino a "morir y no tener memoria".

Conocer, enterarse, disfrutar o repeler la existencia de un acontecimiento, es adueñarse de la memoria; es poseer una memoria.

Silenciar los acontecimientos es peor que la muerte. Obligarnos a desconocer los hechos acaecidos en el mundo circundante nos arrebata la memoria humana.

 

Yo fui al Rectorado de la Universidad de La Habana porque quería regalarle a Yosi, la Jefa de Despacho del Rector, unos sellitos rusos, de esos que, con un alfiler se ponen en la solapa de las chaquetas.

Ella me atendió en la puerta del ante despacho y me dijo con voz susurrante  "Ven por la tarde. No puedo atenderte porque tenemos visita. Está aquí quien tú sabes. Están viendo lo del hombre en la luna de los americanos, lo del aterrizaje. Ven por la tarde que hay natilla."

Yosi era vieja, gorda y amable. Chomi era un Rector popular, muy estimado por la mayoría de los estudiantes universitarios de mi época.

 

Yo no conocía casi nada del viaje a la luna que preparaban los americanos. Yo conocía a Gagarin. Estuve en El Capitolio y vi el módulo espacial en que viajó Yuri alrededor de la tierra. Un globo de hierro con antenitas donde uno no cabía ni acurrucado.

Pero del viaje a la luna de los americanos no sabía absolutamente nada. El día  en que la humanidad estaba dando  el gran paso inmortal de la conquista del espacio sideral por el hombre, yo me fui chiflando bajito del Rectorado de la Universidad de La Habana,  pensando en el plato de natilla que me comería por la tarde, luego de que "quien tú sabes" se hubiera marchado.

Me perdí las peleas de Cassius Clay. Nunca vi en directo a Lenon y su pandilla.  Parece que tenían miedo de que me fuera de Cuba en el Submarino Amarillo.

Nunca vi una película del Agente 007. La música sí me la pusieron mucho. La usaron en programas de radio y televisión y los muy descarados apapipios del mecanismo del ICRT, silenciaban su origen,  y pasaban como autores de tan simpática tonada.

Pecadores de ida y vuelta. Y yo, doblemente agredido: me hacían pasar por tonto y era un tonto ilustrado.

 

Bueno, para que contar la infinidad de huevos de esta canasta, hasta casi me convencen de que Stalin tenía asegurada su postulación para Beato.

Yo había sido manipulado. El silencio de mas de veinte años actuando sobre  mi,  había conseguido que  no tuviera memoria de una historia que desconocía, no sólo yo, sino toda mi generación de isleños confiados e ingenuos.

Una tarde noche fui invitado a la casa de un jerarca,  un morador del Olimpo cubano. En la sala botellas de whisky, se fumaba Marboro. En los platicos de pasapalos abundante langosta y camarones rebosados.

En un cuarto estaban mirando la grabación de un juego de pelota de las Grandes Ligas donde Tony  Pérez   daba dos jonrones. El mismo Tony de Violeta, nacido y criado en el Central Primero de Enero, criado en el batey de Violeta. El negro Tany.

Resulta que mis jugos gástricos tenían problemas ideológicos y no debían ni podían vencer a la temible langosta ni al vandálico camarón. 

Y qué decir del daño irreparable a mi conciencia que podía irradiar  la imagen del traidor jugador de pelota vendido por dinero al oro imperialista. 

!!!Cuántas series mundiales me perdí!!!!!!!

   Recién  leo un artículo de la periodista Ivet González, de VISIONES DE IPS, titulado LA SALUD RESBALA EN ACEITE DE MANÍ.  La lectura de esta información estremeció mi viejo cerebro y me lanzó de cabeza dentro de la olla de los antiguos silencios cómplices,  que ocultan la verdad histórica que rodea  -y hasta aplasta- a los isleños que viven en mi tierra natal.

Narra la periodista que  los jóvenes, en Cuba, se inyectan aceite de maní para hacer crecer los músculos. Pero es una práctica clandestina. Los productos "mágicos" llegan a la isla en maletas y no logran abastecer la demanda.

Entonces se inyectan aceite de soya, líquido de estirar el cabello, se inyectan esteroides, anestésicos, se inyectan ilusión y magia baratas. 

Son tontos ilustres que no tienen cultura de las oportunidades ni anticuerpos contra la estupidez despiadada del mundo donde reina el consumismo.

!Qué nos espera cuando lleguen las vitrinas, las revistas de mil colores, la publicidad cómplice diseñada para el consumismo!!Qué sucederá cuando llegue Mr. Marshall???

  Mis amigos de Salud Pública, con los que he intercambiado profusa información, me aseguran que son cientos los muchachos afectados, que han tenido que soportar dolorosas consecuencias, tratamientos traumáticos y hasta mutilaciones irreparables en sus miembros.

Pero no aparece una sola línea en la prensa. No se escucha un comentario en radio o en tv. No han preparado una serie de diez programas explicando, alertando a la muchachada cubana de las nefastas consecuencias que pueden padecer si usan estos productos peligrosísimos.

Cuba está en el mundo y el mundo rodea a Cuba. La  palabra  no es para encubrir la realidad. La realidad  conforma el sucedido histórico. La historia alimenta nuestra memoria, almacena las millones y millones de experiencias que nos dan educación, que nos ayudan en la ascensión intelectual.

  ¡Pobre sociedad donde se cometen los mismos errores una y otra vez;  pobres miembros de esa sociedad ignorante!

 

¡Pobre de mi que me comí mi natilla deliciosa sin saber que me había perdido, para siempre, el placer de haber contemplado por tv, y a colores, la llegada del hombre  a la luna y los irrepetibles jonrones de Tany Pérez!

 

moya

valencia

2013/2015

 

 

 

























































1 comentario:

  1. Yo pienso en tu deliciosa natilla, y voy a mi epoca de los jueguetes basico, no basico y dirigido. Mi infancia no llevo la fantasia de Santa Claus, o el dia de reyes. Treinta anos despues entro a una jugueteria y no puedo decir que NO a cualquier absurdo consumismo de mi hijo Alejandro, ni puedo poner limites al numero de carritos iguales que ya posee, ni al mas costoso de los legos. Es la historia que se repetise en sus infinitas equivalencias

    ResponderEliminar