martes, 10 de febrero de 2015

¿EL MUNDO QUE IMAGINO ES LA REALIDAD?



María estaba conmovida. Yo sentía su jadeo angustioso al otro lado del teléfono, a más de doscientos kilómetros.

 La policía estaba en la casa, registrando gavetas, escarbando los rescipientes de desperdicios, buscando evidencias que pudieran comprometer a nuestro hijo.

Se llevan preso a Newton, me dijo. Y yo le dije búscame al jefe y dile que se ponga al teléfono.

Sucede que yo trabajaba en Caracas y vivíamos en Valencia. Era un miércoles. Serían las diez de la mañana cuando llamé a la casa impulsado por nada. No tenía que llamar. Nunca llamaba por la mañana y mucho menos los miércoles.

Hablé con el Inspector Jefe. Me comprendió inmediatamente.

No se preocupe, cubano, se ve que su casa es una casa decente. El muchacho es un profesional serio. El no está en la casa (Newton estaba sentado junto a él en el sofá de la sala) Si hubiera estado me lo tenía que llevar detenido. Tiene una acusación de abuso de menor y deformación física. Si yo fuera usted me lo llevaba lejos hasta que expire el término de ocho días. Yo lo espero a usted mañana. Le dejo una tarjeta con los teléfonos a su señora. Ha sido un placer. Siempre a la orden.

Si no llamo se llevan a Newton preso ocho días. Una celda con capacidad para diez pero con sesenta. Ocho días sobreviviendo cada segundo en lucha contra la violencia, la maldad, la brutalidad del ser. 

Y un agravante temible, Newton es muy violento, muy recto. Su reacción inmediata hubiera provocado una agresión traidora y nocturna, hija de las celdas, hija del bajo mundo.

Yo estuve allí,  en  la celda mínima. La mejor forma de sobrevivir en el inframundo es amoldando todo al inframundo, jamás combatiéndolo con la adarga al brazo.

Mi Eggún, el Eggún de Newton, los Eggúns otros hicieron su trabajo y aquel día yo llamé por teléfono para salvar al inocente.

La acusación era una farsa y una trampa de un padre malandro buscando dinero con indemnizaciones totalmente injustas.

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Llegamos a la quinta y nos recibieron con amabilidad. Lisndro se fue con la familia para saludar y ayudar a preparar los tragos y los pasapalos. Se notaba que era una amistad de años. 

Caminé hasta la terraza que daba al valle. Se veía media Caracas. Inmediatamente sentí la presencia de un acompañante. Sin dejar de mirar hacia el paisaje supe que Wichi estaba a mi lado. Luis Rogelio Rodríguez Nogueras, nuestro Wichi El Colorao. Poeta. Escritor. Genial hasta en sus oscuridades. Mi amigo.

Sentí que me dijo ¿viste que no te engañé?Venezuela es grande y es grande.Brinda por mí.

Recorrí la terraza dos o tres veces. Vino la señora de la casa con un vaso forrado en una servilleta y una sonrisa y un perfume.

¿Usted conoce a Nogueras, a Luis Rogelio?

A la pobre señora casi se le derrama el trago del vaso, perdió la sonrisa, se evaporó el perfume.Finalmente me dijo sí el era primo hermano mío.

¿El estuvo en esta casa?

Las dos veces que vino a Venezuela estuvo aquí en mi casa.¿Uzsted lo conoció?

Fuimos amigos, señora.

Para qué narrarles el resto de la visita si sé que ustedes se la imaginan de pe a pa.Que cómo supe que él  había estado en esa quinta. Que si yo había estado allí. Que si yo sabía que  había muerto.

Nunca le conté a la señora que en Ciudad México,  él y yo habíamos caminado unas cuadras por Barranca del Muerto, allá por el Periférico Sur sin hablarnos.  Caminamos, sólo caminamos.

 

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Estoy sentado a la entrada de la casa de mi hija Yamilet. Conversamos cuatro o cinco personas. Cae la tarde. El patio de la casa de Jorge y Yamilet es un bosque. En el bosque la tarde llega temprano y es mucho más humbría la tarde que en la playa o en la ciudad.

Si tienes saldo en tu celular, por favor llama a Venezuela para ver si podemos hablar con María. Yami se aparta hacia la entrada y trabaja en la comuncación. La conversación de los contertulios  no decae y siento voces que me rodean. No sé que dicen.   Yo  estoy atento a la llamada.

Desde el saludo ya sé que ha pasado algo terrible en mi familia. El esfuerzo de Yami disimulando no logra el objetivo. Pero ya yo sé que el problema es con mi hjo Rogito.

Está desaparecido. Ya comenzó la búsqueda.

María y yo nos volvemos a encontrar en la angustia. Esta vez es una garra dolorosísima. Estamos viejos. Ella está sola.  Nos separan cuatro o cinco mil kilómetros. El enemigo es mucho más poderoso. O es un secuestro o es un asalto.

Para qué contar cosas que ustedes saben de pe a pa. Creamos un alto mando con ramificaciones en  República Dominicana , en Miami, en Caracas, en Maracay, en La Habana, en Valencia.

Estoy por creer que abrimos una oficina de ayuda,  allí donde habitan fuerzas poderosas que velan porque se cumplan los destinos humanos.

El hijo aparece, vivo. Ninguna otra cosa en esta vida tiene la menor importancia.


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 La muchacha que cuida a Tony llama a María.  Ella  ve muy mal al señor Domínguez. Inmediatamente nos personamos en la quinta de Tony. María abre la puerta del jardín, abre la puerta de entrada y se pierde dentro de la casa.

Yo aseguro el carro, entro al jardín y cierro la verja de hierro. Entro a la casa y camino hacia el pasillo que comunica con la habitación del viejo Tony.

En el pasillo recibo el golpe. Sé que es la muerte. Nunca la he visto ni he compartido con ella, aunque he tenido relaciones íntimas con diez o doce cadáveres.

La angustia me oprime el pecho y casi no puedo respirar. Camino y entro a la habitación. María le hace preguntas a Tony, le toman la presión. El está en la cama agonizando. Cuando entro yo,  el comienza a respirar con menos dificultad. Luego mejora.

Decidimos llevarlo a su médico al día siguiente. Y lo llevamos, y su médico le vió y regresamos a su casa y almorzó y yo le pasé la mano por la cabeza y le acaricié los pies y lo tuve que cargar dos veces, no, tres veces ese día para ayudarlo a subir a la silla de ruedas y para que la muchacha lo aseara pues había hecho caca, o pupú, como dicen aquí.

Pero ese día de mi encuentro con ella en el pasillo de la quinta de Domínguez sentí la vejez, la frialdad de lo infinito, el  cansancio de la vida. Nunca había padecido la tristeza.  Cuando María y yo estuvimos solos en el auto, de regreso a nuestro apartamento,  le dije a  ella  que me había tropezado con la muerte. María no hizo comentarios.

Ahora miro a este hombre que jadea y quiere respirar. Jadea.  Jadea.   Muere. Una mano  de Tony en la mano de la enfermera. Ella le dice en susurro no estás solo, estamos contigo.  Otra mano de Tony entre mis manos. Sólo han transcurrido cuarenta horas de mi encuentro con ella. Hoy no está aquí. El acto que presencio es frío, mecánico.

Para mi fue ver morir a un muerto. Dos planos de una misma situación. Un solo dolor, una gran confusión.

¿La realidad es como la imagino? ¿La imaginación provoca creación de realidades?

Por primera vez en mi vida estoy solo en mi incomprensión.

Estoy solo en mi soledad.

 

 

moya

valencia

2015



























































1 comentario:

  1. La muerte es triste, como el olvido o la falta de lealtad. Hay quien muere un poco todos los días, mirando un fragmento de cielo muy azul desde una ventana de una sala de terapia, con su cuerpo hincado por mil agujas en aras de la salvación, durante un mes o 15 días o 3, con, sabe Dios, que mil recuerdos confundidos por sinapsis malogradas. Pero los pocos destellos de luz, los momentáneos destellos de realidad que pasaban por sus ojos decían del dolor por las ausencias, de los que aparentaban ser amigos y no fueron, de los que decían querer y no querian, de los falsos, los ingratos.
    La muerte es tan cruel como el olvido, pero para los que la vemos llevarse a los que queremos. El que muere, descansa. Los que se quedan sufren hasta que el dolor se vuelve suave y llevadero. Todo lo demás, es habilidad en el manejo del idioma y de los sentimientos humanos, pero hasta eso llega a fallar un dia y los poetas dejan de serlo.

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